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Amarres de amores

Escrito por Ladeclaracion 28-03-2014 en profesional. Comentarios (0)

En mi despacho en el instituto acabo de enmarcar unos artículos periodísticos de dos de los intelectuales que más admiro en este país: Víctor Freixanes y Xosé Luis Barreiro. Ambos pueden resumirse con una única palabra: posibilidad. No se escribe desde la nada, igual que no se puede vivir ajeno al mundo. Para mí, ahora, con A. todavía menos; al contrario, me doy cuenta más aun de las necesidades de pensar sobre todo a lo que estoy vinculado; y no sólo de pensar, sino de escribir, de actuar en la medida de mis posibilidades, con la voz del cambio. Y me importa justo ahora más, porque también este ha pasado a ser el país de A., y no sólo de cuantos nos han precedido e imaginaron otras formas de mirarnos. Y sobre todo, siendo el país de A., es también más profundamente mío. Y es así como se construye, con la tierra en la mano y la mirada hacia adelante, la herencia de los que vendrán.

Como bien formado en el espíritu de los antiguos romanos, tengo miedo a que si verbalizo un futuro aciago con Brujeria amarres gratis, este se cumpla, y en el caso electoral, me temo que, aunque desee con todas mis fuerzas ser un optimista antropológico, una y otra vez vuelvo al aforismo británico de que un pesimista es un optimista con experiencia. Han sido muchos años de desilusiones compartidas, de desesperanza, de deseo de un progreso siempre retrasado. Nunca, pese a lo que diga la tradición, nunca de resignación.

Pero noto que esta vez hay algo diferente en Galicia, y eso sí me da ánimos: ocurra lo que ocurra, aquí, desde hace un tiempo se respira cambio donde más importancia tiene, en la sociedad civil. Eso significa, que tarde o temprano, se plasmará en las instituciones. De hecho, el primer paso ha sido plasmado en los votos. Mañana se verá si la mayoría expresada ocupa el lugar que le corresponde, o quedan ¿cuatro? años más de espera. Pero si hace falta esperar, uno por uno, esperaremos. Y día tras día, lo haremos con mayor esperanza, la de saber que falta menos para tocar el futuro que nos corresponde a todos. Porque no deseo simplemente un cambio de gobierno sin más. No. No es el afán revanchista con que se quiere acusar a los que no piensan como ellos. Es simplemente el deseo de alternancia para intentar buscar fórmulas, nuevas, viejas, o las que sean, pero que existan, para que este país no pierda de nuevo, otra vez, la oportunidad del progreso. Y el primer paso está en consolidar alternancia de proyectos. Más cuando el gobierno que debería llevarlos a cabo está desde hace años totalmente apagado.

Lo que deseo no lo deseo ni siquiera para mí, y además, no es nada del otro mundo: quiero un país donde pueda educar a mis hijos y los amarres y saber que sus perspectivas van a ser mejores que las mías, en el terreno personal, profesional y social. Quiero un país donde mi hermana no tenga que plantearse emigrar para poder encontrar el trabajo en el que ha estado preparándose los últimos nueve años. Un país donde la cultura sea algo más que zigurats y obeliscos faraónicos, representados por Pérez Varela, uno de los ignorantesmás osados; un país donde A. pueda por fin optar, después de veinticuatro años de Autonomía, a plazas autonómicas de su especialidad. Un país donde el sinónimo de educación no sea reír en una sala de prensa la última salida de tono de un presidente clasista y fuera de tiempo, aquí.

Sólo quiero aspirar a ver otras posibilidades, otros proyectos, otras formas. La esencia del avance es eso, y no un anciano completamente enterrado por su pasado y por una plétora de paniaguados que lo sostienen. Aunque volviera a ganar, hace ya bastante tiempo queFraga y lo que preside está, sencillamente, muerto. Momificado.

No quiero pasear por el castro de Baroña y seguir tropezando con rocas manchadas todavía de fuel. Sólo quiero lo que tengo derecho a desear y pedir, porque vivo aquí, porque aquí me gustaría construír mi familia y ver de la manera mejor, en todo, a A., y las personas que me quieren. Nada más.

Sólo quiero aire fresco, posibilidad.


Cuando comencé mi vida profesional

Escrito por Ladeclaracion 12-03-2014 en profesional. Comentarios (0)

Cuando comencé mi vida profesional, yo era técnico en una empresa y un día, ya no recuerdo para que, llegó un señor muy elegante con traje y maletín. Era el señor consultor y yo pensaba.. ojalá algún día fuese como él. Siempre ocupado, llamaba por telefono cada vez que llegaba a un sitio y decia “estoy en el número.. xxxx” (eso me hace recordar que no hemos nacido con móviles), tenía reuniones y viajaba bastante. Para mi eso era increíble, yo apenas había viajado en avión nunca y no tenía reuniones. Por supuesto yo iba en vaqueros y camiseta y no sabía anudarme la corbata. A mi me parecía que aquel señor, era un hombre importante y que, por supuesto, sería un elegido, alguien con muchos estudios, un CV alucinante y un superdotado intelectualmente. Ese hombre –imaginaba yo- verá el mundo desde la cima. Diez años más tarde, yo no era aquel consultor, yo era el jefe de un proyecto donde había doscientos de aquellos consultores, tenía reuniones cada media hora, todo el mundo quería hablar conmigo incluso llamándome a mi reciente teléfono móvil, dedicaba tres horas diarias a contestar correos (y eso que entonces casi nadie tenía internet aún) y viajaba constantemente. Y si os digo la verdad, nunca me dio la sensación de estar en la cima de nada. Me encantaba mi trabajo y era por lo único que me sentía un privilegiado pero no por tener responsabilidad o determinado sueldo. De hecho, a veces echaba de menos cuando iba con mis vaqueros y desmontaba los equipos solo por el hecho de investigar que tenían dentro.

Cuando era un chaval, a veces, veía a mis hermanas, a sus amigos, a profesionales que disponían de dinero, que iban a comer, a cenar o al cine sin preocuparse de si tendrían para pagar o no. Yo los veía y me decía, algún día podré pasear por la calle y de pronto, porque me apetece, meterme en una librería y comprarme un libro, o entrar a una cafetería y tomarme un café y un trozo de tarta sin necesidad de calcular cuanto me quedará para tabaco. He ganado bastante dinero y creo que no he sido más rico que cuando, por aquel entonces, todo mi preocupación al respecto era saber si me llegaría para otra copa.

Yo me imaginaba que un triunfador sería un compendio de todo lo anterior y que por supuesto un triunfador no tendría ningún problema en la vida, se lo rifarían las mujeres.. en fin que debería ser algo increíble. Me encanta mi vida, y no cambiaria nada en ella (solo cambiaria algo pero no fue en mi vida.. a estas alturas imagino que sabéis que) pero me he dado cuenta que da igual cual sea tu vida, siempre tienes días buenos y malos, alegrías y problemas. Hay gente que dice.. que suerte tiene beckham, guapo, con dinero, joven, triunfador… y sin embargo yo lo veo un pobre diablo que tiene que planear cada salida de su casa con horas de antelación y que no puede darse el gustazo de ir con su hijo al parque.