Peliculas de culto

Escrito por Ladeclaracion 24-02-2015 en porpor. Comentarios (0)

Nos encontramos en Sevilla, esa ciudad que nació de una saeta de la luna, la misma luna que acaricia con sus dedos la cara del Giraldillo, la que se muere de celos al ver tanta belleza reflejada en el Guadalquivir. Esa luna que ha visto llorar a tantos sevillanos por bulerías.

Aquí en la ciudad de la luz, escuchareis los Peliculas de culto acordes de unos corazones rotos por una rosa, ella sola cubrió los ojos de lágrimas de cada suspiro.

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María, lloraba con el rostro cubierto por unas manos que ya le agrietaba el viento con su canto; lloraba sin suspirar, pero las lágrimas jugueteaban lentamente por sus mejillas hasta suicidarse desplomadas en la camisa de María.

Tomás, su marido desde la primera vez que la vio con azahares en su ya canoso pelo, la miraba con profundo dolor. Su querida mañana lloraba desconsolada, y él impotente por el dolor de su mujer, no parecía percatarse que su dolor le había matado de un bocado las pupilas.

La noche acabó borrando la luz que acababa de morir en un rincón de La Maestranza, junto a aquellos toreros y su sangre marchitada, y la luna lo sabía, por eso, empezó a subir las escaleras hasta envolver con su aliento la grandiosa Catedral.

La maldita noche, maldita encubridora que lleva siempre las manos frías, aquella que filtra la locura en las venas de la luna, aquella que se le resbala lo eterno entre los dedos, aquella que con sus labios convierte todo en efímero.

Juan, hijo mayor del matrimonio, rompió el silencio que se angustiaba entre las cuatro paredes, con la voz quebrada por la llaga de la agonía y si hablara el delirio por él: